“No tengo ganas de salir a competir ahora mismo”, “Me sale humo por las orejas de los nervios que tengo”, “Tengo el corazón que se me sale por la boca”, “Solamente tengo ganas de acabar ya”….
Este tipo de pensamientos, acompañados de otras respuestas fisiológicas y motoras, suelen ser muy habituales antes de la salida de una carrera o de una marcha importante. Desde el estado de nerviosismo más extremo hasta la apatía absoluta y entre ellos, infinidad de variaciones. Ya hablamos en un artículo anterior de la ansiedad pre-competitiva, que es aquella que puede ocurrir las horas previas a una cita importante. En este artículo vamos a centrarnos en los momentos justamente anteriores a la salida, con estrategias que pueden ser útiles, independientemente de que pueda darse o no la ansiedad pre-competitiva, y que pueden beneficiarnos en caso de ponerlas en práctica.
“Para la temporada que viene tengo que mejorar mi técnica”, “Este año debo potenciar aún más mi facilidad para subir”, “Debería aprender a ser más eficaz mentalmente en los momentos más complicados”,“Quiero ganar más fuerza en mis piernas”.
Cuando acaba la temporada y realizamos el análisis de la misma en referencia a nuestros objetivos, también tendríamos que realizar una segunda parte del mismo en el que comprobar cuáles han sido nuestros puntos fuertes y los más flojos durante todo el año, y por tanto, cuáles vamos a conservar y potenciar aún más y cuáles queremos mejorar sustancialmente.
“Ya está decidido, es hora de probar la competición”.
Los motivos por los que tomamos esta decisión pueden ser muy variados,“empujado” por los compañeros de club o rutas, porque queremos probar a ver cómo es ese mundo, porque nos llevamos preparando durante mucho tiempo y hemos considerado que ya es el momento de demostrarlo, porque queremos conocer nuestros límites o simplemente porque sí. Muchos y muy diferentes, que pasan a un segundo plano cuando estamos en la parrilla de salida.
¿Sabemos lo que nos espera? ¿Estamos mentalmente preparados para afrontarlo? ¿Vamos a saber cómo valorar lo que hagamos de un modo objetivo?
La finalidad de este artículo es que una vez acabe esa primera toma de contacto con la competición, no veamos las cosas en un extremo u otro (ni amor ni odio), si no que seamos capaces de analizar lo que hemos vivido y sobre todo que nos sirva como aprendizaje para el futuro, si decidimos continuar con la “locura” que a veces supone adentrarse en este aspecto del ciclismo. No es por tanto una incitación directa a meterse en este tipo de “fregaos”, sino que si decidimos hacerlo, al menos que sea con un mínimo de preparación en todos los sentidos.
No es lo mismo ir a una competición “a ver qué sale”, con poca preparación física, sin conocer lo que nos espera, ni el tipo de prueba a la que nos vamos a enfrentar ni el nivel de los participantes, que al contrario, llevar varios meses de preparación concienzuda, conociendo el recorrido y tipo de carrera y con una idea más o menos clara de lo que es y lo rápido que se va.
Por supuesto, no es lo mismo estrenarse en una carrera pequeña o una marcha competitiva sencilla, que en una prueba de Open Regional o deEspaña. Si nuestra preparación es buena en todos los sentidos, en las primeras de ellas, posiblemente vamos a disfrutar y nos quedaremos con ganas de más. Si la preparación es muy pobre y vamos al segundo tipo de pruebas, puede que acabemos odiando ponernos un dorsal de por vida (o quizás al contrario nunca se sabe, aunque es más sencillo que ocurra lo primero).
¿Cómo nos preparamos entonces?
En primer lugar hay que decidir muy bien qué tipo de prueba es a la que queremos asistir, e intentar que se adecue lo mejor posible a nuestras características y condición física. Tiempo habrá de acometer mayores empresas si nos entra el gusanillo del sabor a sangre en la boca y el sufrimiento extremo.
Lo ideal es comenzar con una carrera sencilla, con poco nivel, fuera de Opens o Circuitos regionales o provinciales, sin excesiva dificultad física ni técnica. Hoy en día hay bastante donde elegir, como por ejemplo entre la gran cantidad de marchas competitivas que se celebran en prácticamente toda la geografía, con mucha variedad de recorridos, de nivel físico, técnico y deportivo, sin probabilidad de que nos doblen y nos pasen por encima ya que al no dar vueltas a un circuito no se va a dar el caso y podremos ir a nuestro ritmo.
Una vez hemos elegido dónde y cuándo vamos a competir, lo ideal sería preparar la cita lo mejor posible, en todos los aspectos. Aunque al ser nuestro estreno, tampoco pasa nada por simplemente ir y dar pedales, eso queda a la elección personal de cada uno de vosotros.
El día antes, es aconsejable preparar todo lo que se va a utilizar el día D y lo que vamos a hacer, bicicleta a punto, ropa a usar, repuestos, avituallamientos, hora a la que nos vamos a levantar, llegar a la salida de la carrera, etc. Hacerlo con antelación siempre va a suponer no ponernos más nerviosos al saber que todos esos aspectos los tenemos controlados. De todos modos, será fácil que algo se nos olvide o se nos pase. En esa situación, no sirve de nada ponerse más nervioso aún, y son cosas que se aprenden con la experiencia, así que no hay que dejarse llevar por la situación.
En cuanto al aspecto psicológico de la competición en sí, mi consejo es planificar de un modo más sencillo al que se usa habitualmente (Planificación de carreras o marchas), usando una tabla con los mismos apartados, pero simplificándolos al máximo. Ya sabéis que soy partidario de plasmarlo todo en papel, nunca en la “cabeza”, ya que las cosas se acaban olvidando y reinterpretando.
Si recurrimos a la tabla de la que os he hablado en otros artículos, deberíamos completarla con un solo objetivo de realización (no son necesarios más, no hay que complicarse), que sea muy fácil de cumplir, del tipo “Terminar la carrera”, “Ir a un ritmo que sea exigente para mi pero sin ir a tope” o “ir a unas determinadas pulsaciones”. No buscamos puestos ni tiempos espectaculares, solamente conocer la competición, de ahí que busquemos cosas realizables que nos dejen satisfechos si las llevamos a cabo y con ganas de más en el futuro.
En la segunda columna, en el plan atencional, debemos detallar en qué debemos fijar nuestra atención. Como en la anterior, cosas sencillas de realizar y que no sobrepasen nuestras capacidades. Por ejemplo “No tomar riesgos bajando”, “Ir a rueda siempre que se pueda”, “Comer y beber en cada vuelta”, “Llevar repuestos por si pincho o hay avería”, etc.
En cuanto a las posibles dificultades y plan para afrontarlas, hay que intentar tener en cuenta todo aquello que nos pueda suceder e ir prevenido para superarlas si aparecen y que no nos pille de sorpresa como por ejemplo una caída, una avería mecánica, pensamientos negativos, problemas físicos, etc. y cómo intentar afrontarlas y superarlas
| Objetivo prioritario | Plan atencional | Posibles dificultades | Plan de afrontamiento de dificultades |
| - Acabar la carrera. - Ir todo el tiempo con mi compañero de equipo.
- Llevar un ritmo alto sin pasar de 190 ppm. - Etc. |
- Bajar con cuidado. - Llevar repuestos y multiherramienta.
- Llevar geles y bebida energética. - Comer y beber cada vuelta. |
- Caída.
- Avería. - Pensamientos negativos. - Pájara. - Calambres. |
- Continuar si no es nada. Si estoy herido, retirarme y esperar a las asistencias.
- Tratar de reparar si se puede solucionar con mis herramientas. - Usar estrategias psicológicas de parada de pensamiento y auto-instrucciones. - Comer y beber, parar a descansar. |
¿Cómo evaluamos lo que hemos hecho?
Una vez terminada la carrera, va a ser muy importante la evaluación que hagamos de la misma, y el signo de la valoración es el que va a determina si vamos a seguir probando o directamente va a ser nuestra primera y última experiencia.
Lo primero siempre tiene que ser evaluar en función del que era nuestro objetivo, si hemos sido capaces de lograrlo o no, olvidándonos depuestos, tiempos o si me ha ganado X. Debemos centrarnos sobre todo en las sensaciones que hemos tenido. Con casi toda probabilidad, en algún momento habremos pensado cosas como “Aquí no vuelvo más” “Este sufrimiento no hay quien lo aguante”, “Me está adelantando todo el mundo, van muy deprisa” (Aunque casi seguro también que disfrutando), pero sobre todo tenemos que tener en cuenta esa valoración en frío, ya que en caliente las cosas se ven de otro modo. Cuánta gente dice eso de “Esto no es para mi” nada más acabar y a la semana siguiente ya andan de nuevo con un dorsal
puesto.
Puede que nos haya enganchado esa sensación de agonía o puede que hayamos detestado profundamente la competición, pero siempre es importante tener una opinión desde la experiencia propia y no sobre lo que nos cuenten.
Sé que muchos tenéis alergia a los dorsales, pero de un modo u otro, casi siempre hay competitividad, sea contra tus compañeros o contra uno mismo, así que por probar no se pierde nada. Es una experiencia diferente y ya vosotros mismo decidiréis si os gusta o no, si queréis repetir o “nunca más”.
Espero que haya sido de utilidad para aquellos que no se atreven a probar, toméis o no la posteriormente la decisión de hacerlo.
Como siempre quedo a vuestra disposición para cualquier comentario, crítica o sugerencia.
Un saludo.
“Esta carrera la ganas seguro”, “Te vas a salir en la marcha”, “Esta competición está pensada para ti”, “Vas a arrasar”… Cuantas veces hemos
oído o dicho a alguien frases de este tipo, y ese ciclista (o nosotros mismos) ha acabado muy mal, sin cumplir las altas expectativas creadas en torno a él o incluso no ha sido capaz de acabar la prueba.
Hay ocasiones en los que la presión externa, hace aumentar la propia que ya tenemos nosotros, y que el día D, nuestras piernas y sobre todo nuestra cabeza se bloqueen y no rindamos ni de lejos como queríamos ni como creían los demás. Se produce lo que se denomina Miedo al éxito.
Cuando vamos a realizar una ruta de larga distancia, no competitiva, sea el Camino de Santiago, El Camino del Cid o el Canal del Ródano o du Midi, lo habitual es planificar con suficiente antelación el recorrido, el material, la ropa a utilizar, la comida o los sitios donde pernoctar o en los que hay que parar porque hay algo interesante que ver.
Igualmente nos preparamos físicamente para afrontar con garantías suficientes ese objetivo haciendo salidas con un kilometraje semejante al que vamos a realizar, en terrenos parecidos, con la bicicleta cargada con las alforjas o el carro con peso para aprender a manejar la bicicleta en esa situación, etc. Pero ¿Nos preparamos psicológicamente de manera óptima? ¿Tenemos en cuenta la gran cantidad de vicisitudes que nos pueden suceder y cómo afrontarlas?
“Prefiero no hacer nada a subirme al rodillo”, “Es inaguantable, un suplicio, no puedo estar más de media hora ahí subido”, “Me aburre mucho y me canso rápido”…
Estas frases se oyen habitualmente cuando se habla sobre el rodillo, sobre todo en época invernal, con malas condiciones climatológicas, o al comentar con otros ciclistas que parte de tu entrenamiento se basa subirte al “potro de tortura”.
¿Quién no tiene una canción que al escucharla cambia su estado de ánimo? ¿Quién no se activa/tiene un subidón de energía cuando escucha una melodía que nos gusta? ¿O por el contrario, se relaja al escuchar un tipo determinado de música?
La música nos acompaña es muchos momentos del día, y la usamos de un modo u otro para muchos fines. En este artículo voy a explicaros el modo de utilizarla para aspectos más concretos de nuestro deporte.
La musicoterapia, es una palabra que seguramente os suena, pero que pocas veces se conoce realmente. Se puede decir que hay dos tipos de musicoterapia, la pasiva y la activa. La primera de ellas se basa simplemente en “escuchar música” y a través de ellas, modificar o mantener distintos estados de ánimo. El segundo tipo, se basa en juegos, ejercicios, etc. a través del ritmo, tocar instrumentos musicales, etc. y se utiliza en muchos ámbitos desde clínicos, escolares, sociales, de discapacidad, etc.
Todo el mundo ha oído hablar de ellas y son muchos los que las practican, de maneras muy diferentes. Su aplicación es muy usual en bastantes ámbitos de la vida y en el deporte es una de las técnicas más utilizadas, pero ¿Realmente sabemos qué son? y sobre todo ¿las aplicamos del mejor modo posible en caso de hacerlo?
Existen infinidad de técnicas y modos de aplicarlas, pero todos tienen a grandes rasgos la misma finalidad, conseguir un estado de “relajación” o baja activación, para eliminar, reducir o controlar nervios, ansiedad o estrés.
Este es el primero de los artículos que voy a dedicar a las técnicas de relajación, contando en él qué son y cómo se utilizan las técnicas, explicando más detalladamente una de ellas, dejando para el segundo de los artículos, otras dos técnicas que pueden ser útiles.
¿Ha sido mi temporada como yo esperaba? ¿he conseguido lo que me había marcado? ¿Cómo puedo empezar a planificar la
siguiente?
Una vez llegamos al final de la temporada, es el momento de analizar detenidamente lo que ha dado de sí y lo que hemos hecho bien o mal durante todo este tiempo. Cada uno de nosotros, cuando llega el momento de aparcar la bici por unas semanas, suele valorar cómo le ha ido a lo largo de estos meses, con más o menos detalle. Algunos se pararán a pensarlo brevemente, mientras que otros analizarán cada entrenamiento, salida, carrera, etc. El valor que demos a dicho análisis, habitualmente va a ser positivo o negativo, con la perspectiva de repetirlo durante la nueva temporada o de hacer las cosas de un modo diferente. Y como en muchos otros aspectos, en la mayoría de las ocasiones, dicha valoración la hacemos basándonos en resultados (u objetivos de resultado), y hacerlo de este modo, como ya hemos visto en otros artículos, puede suponer un sesgo importante, y que origine que pensemos que nuestra temporada ha sido un desastre total, cuando quizás no ha sido así del todo, o al contrario.
¿Puede ayudarme visualizar lo que he planificado para esta competición/marcha? ¿Con la imaginación obtendré algún beneficio? ¿Puede servirme para mejorar algún aspecto concreto?
Acabado el verano, retomamos los artículos, y en éste, os voy a hablar sobre una de las técnicas más utilizadas en la psicología deportiva, la visualización o práctica en imaginación.
Se basa en realizar una reproducción mental o imaginar, una situación y/o acción real, en ausencia de estímulos externos. Lo habitual es pensar que imaginar algo, no nos va a ayudar apenas a aprender, mejorar o superar alguna dificultad. Y sin embargo es un complemento muy útil en casi todos los deportes y fundamental en bastantes disciplinas deportivas. Del mismo modo, a veces es muy poco usado y además cuando se hace, no siempre se hace correctamente, por lo que en lugar de ser un beneficio, hace que la percepción que tenemos de la técnica, es que no sirve para nada y quede apartada de la preparación del deportista.